Christian Lacroix

“Es un día muy especial que debe ser maravilloso, inolvidable: como una ópera, una pieza teatral, un espectáculo romántico. Desde 1987 hemos hecho pocos vestidos blancos, más bien “off-white”, pasteles o incluso negros sin olvidarnos del oro, la plata o bien estampados multicolores. Prefiero el velo al sombrero. Creo que el velo representa la novia. El ramo de novia puede sustituirse por un antiguo misal de familia.
Esta idea de fiesta debe formar parte de la improvisación, de la libertad individual, de la propia expresión. Hay que crear un ambiente para uno mismo, para su “tribu”, dedicada a los que queremos y no montar un gran espectáculo social para impresionar a la multitud, para demostrar un nivel social o parecer lo que no somos.
Todo el mundo en todos los casos sabe que debe ser un vestido único, que vaya hasta el límite, bordado o sencillo, pero espectacular. Estamos lejos de la idea del vestido sencillo que podrá, eventualmente, volver a servir para otra ocasión. Debe ser la teatralidad de la realidad, ya que es el único día donde realmente salimos a escena”.
